Cuentan que era una tarde
del mes de noviembre cuando, en unas fiestas de porquejades (matanza
del cerdo), el abuelo empezó a contar a la gente más pequeña la
leyenda des Pas d'en Revull.
Esto era una vez cuando una nave
de piratas quiso atracar a Guatelana, hoy Santa Galdana, que es donde
termina el barranco de Algendar. He aquí que uno de los más jóvenes
de aquellos piratas o desterrados, tan bonito encontró aquel paraje
que siguió río arriba, barranco arriba, de modo que seguía
caminando boquiabierto de aquella maravilla de paisaje. Pero, casi
sin enterado de ello, se perdió, y cuando volvió a la playa, el
barco ya no estaba, por lo tanto ese morito tuvo que quedarse en
Menorca. Pensó que por aquellos lugares se encontraría bien, era un
lugar donde había mucha fruta y podría vivir bien.
Siguió
barranco arriba hasta llegar a los lugares de Algendar. Por aquellas
tierras y timbas encontró una cueva como un túnel, bien tapado de
zarzas, que tenía dos entradas, y pensó que se podría esconder
allí dentro y no lo encontrarían.
Mientras hubo fruta todo
fue muy bien, pero al llegar el invierno, ya no fue tan bueno de
hacer encontrar comida y fue cuando en Revull empezó a pasar
hambre.
Para no morirse de hambre, pensó que tal vez podría
tomar algún animal para comer. Un día faltaba una gallina a
s'Aranjassa, otro faltaba un conejo a Algendar, o un cordero, o un
cabrito, incluso el gato del Canal desapareció. Nadie de aquellos
lugares no sabía por dónde desaparecían los animales.
Pero
una noche de matanza en que los campesinos de los alrededores se
encontraron en el lugar del Canalón, en la conversación se lo
contaron todo y decidieron ponerse en guardia. Así fue como pensaron
que había alguien que hacía de ladrón y una noche de luna llena se
pusieron en camino para ver si afinaban quién era el que les robaba. A
la hora menos pensada vieron como una sombra salía de las peñas del
paso de en Revull- que entonces cuando, todavía no tenía ese nombre,
lo conocían como sa Penya Fosca-. Los campesinos se propusieron
seguirlo y lo empezaron a perseguir pero llegados a un determinado
lugar le perdieron de vista, era como si la tierra se lo hubiera
tragado.
La noche siguiente lo volvieron a intentar, pero les
pasó lo mismo, nunca lo encontraban, sólo sabían que era moro y
que tenía el pelo rizado (revull). Una vez, sin embargo, no le bastó la
listeza y le descubrieron el escondite, era una cueva en forma de túnel
que tenía dos bocas o entradas bien tapadas de zarzas. Pegaron fuego
a aquel roquedal y lo atraparon.
De ese moro, no sabemos nada más, pero
sí que por allí hicieron pasar el camino del barranco y, desde
entonces, se le dio el nombre del paso de en Revull.
Otras
versiones cuentan que aquellos campesinos, cuando cogieron al moro,
le dieron una buena tunda de bastonazos pero se compadecieron de él
y le perdonaron a condición de que se marchara de aquellas tierras
tan pronto como pudiera.









Del Pas d'en Revulll a Cala Galdana.